Ese día puse una excusa a Axel y a Jes que no puedo recordar, probablemente ellos no la olvidan por ser una de las excusas más inverosímiles que hayan oído nunca. Ese día teníamos mucho trabajo, nada menos que una mudanza de un local de ensayo a otro, la misma mañana les mandé un sms y simplemente, no aparecí. Podría haber sentido remordimientos, pero las oleadas de emoción y nervios por lo que iba a hacer diluían cualquier sentimiento de culpa, ese día iba a cantar con Serrat y no se lo dije a nadie, pura superstición.
Todo empezó con una llamada de mi amigo Jofre Bardagí, diciéndome que Serrat estaba buscando una voz grave, con acento neutro para su último disco y los dos habían pensado en mí. Me tenía que unir a un grupo de cantantes formado por Carme Canela, Laura Simó, Óscar Larios y el mismo Jofre, todos con una larga trayectoria, todos con una gran experiencia, todos sin problemas para leer partituras (porqué, claro, son cantantes profesionales y han estudiado solfeo), todos… ¡menos yo! Sin embargo acepté aún sabiendo que podría tener problemas con mi “analfabetismo” musical, tú también lo hubieras aceptado si tuvieras la oportunidad de trabajar con uno de tus artistas favoritos y estar en uno de sus discos para siempre, para siempre jamás.
Y llega el día de cantar con Serrat. Estamos en el estudio, él no ha llegado aún, hay cámaras, hay gente que me saluda y no conozco, hay atriles con las partituras de las canciones que hay que cantar, glups, hay una institución de los arreglos musicales; Joan Albert Amargós, el músico más laureado del país y el hombre que dirigirá la sesión, y hay un cenicero lleno de colillas, estoy salvado. Para calmarme, me fumo un Lucky en cuatro caladas y me arrepiento de no haber estudiado música, que imbécil fui, tenía razón mi padre y cuando estoy a punto de abandonar el estudio y quizás mi carrera musical siento unos golpecitos en la espalda, me giro y me encuentro con una sonrisa, pero no se trata de una sonrisa cualquiera, es la sonrisa del Poeta, ha llegado Serrat. Al principio es difícil seguir sus comentarios, sus bromas, responder con naturalidad y hacer ver que no adviertes el aura de leyenda que lleva encima, pero poco a poco te va haciendo sentir cómodo y va dejando claro que estás ahí para trabajar en un disco en el que se ha dejado la piel. Entramos en la cabina, nos colocamos detrás de los micros, nos ponemos los auriculares y la primera sorpresa es que él va a cantar con nosotros, la segunda es que quiere colocarse junto a mí para escuchar la voz grave y la tercera y más maravillosa es que retira las partituras del atril que compartimos diciéndome-esto no nos va a servir- Ahí está, Serrat no sabe leer partituras como tampoco sabían leer Lennon, Dylan, Brel, incluso Pavarotti, estoy encantado ¡que empiece la sesión!
El disco es un compendio de poemas de Miguel Hernández musicados por Joan Manuel muy diferente al que ya hizo en el 1972. Los arreglos de Joan Albert Amargós fluyen elegantemente y dejan paso al instrumento principal, la voz. Amargós es delicado, nos sugiere, nos anima y Serrat es duro, sabe lo que quiere, es intenso y hace evidente el respeto que siente por Hernández, es fantástico verle trabajar. La primera canción que grabamos es una delicia:
Eres la noche, esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y femenina.
Eres la medianoche: la sombra culminante
donde culmina el sueño, donde el amor culmina.
Un poco más y me desvanezco debido al síndrome de Stendhal. Yo también soy admirador de Miguel Hernández y su poesía está humildemente presente en A La Vera Del Mar o Por Ti, así que la sesión se convierte en todo un placer. En la grabación del cuarto tema, Jofre, que viene del rock y yo estamos tan a gusto que empezamos a hacer un poco de bulla y Serrat nos mete la bronca, “La Bronca”, él es el maestro y nosotros sus discípulos, y estamos agradecidos que nos lo haya recordado. A las diez de la noche acaba la grabación y hemos cantado en Uno De Aquellos, Del Ay Al Ay Por El Ay, la genial Si Me Matan, Bueno, Dale Que Dale y la hermosa Hijo De La Luz Y La Sombra, muy Joan Manuel Serrat.
Así fue el día en que canté con Serrat, uno de los días más felices de mi carrera. Cuando la sesión terminó, hablé con Axel y le expliqué el porqué de mi ausencia, estaba maravillado y orgulloso. A Jes no lo encontré y le dejé un mensaje que respondió con estas palabras-la primera excusa era mala, pero esta de que no has venido porqué estabas cantando con Serrat es una mierda-.
Marc Ros
